DE LA PEDAGOGÍA BANCARIA A LA ANDRAGOGÍA EMOCIONAL: HACIA UNA NUEVA EPISTEME PARA LA EDUCACIÓN UNIVERSITARIA
FROM BANKING PEDAGOGY TO EMOTIONAL ANDRAGOGY: TOWARDS A NEW EPISTEME FOR UNIVERSITY EDUCATION
Palabras clave:
Andragogía Emocional, Educación Bancaria, Comunidades de AprendizajeResumen
La educación universitaria en Venezuela enfrenta una contradicción fundacional. Aunque sus estudiantes son adultos, las prácticas pedagógicas predominantes siguen ancladas en modelos tradicionales que los infantilizan y los colocan en rol de sumisión. Este artículo, fundamentado en mi investigación doctoral sobre Andragogía Emocional, critica la pervivencia de la “educación bancaria” —concepto acuñado por Paulo Freire— en los espacios de formación de adultos. Este enfoque, que concibe al estudiante como un receptáculo vacío donde se deposita conocimiento, desconoce la “maleta cargada de experiencias” que cada participante trae consigo, fomenta la pasividad y reproduce relaciones de poder verticales que contradicen los principios andragógicos de horizontalidad, autogestión y reconocimiento de la experiencia. Desde la perspectiva de Félix Adam, el artículo propone cuatro principios fundamentales para transformar la experiencia universitaria: horizontalidad (relación de igualdad entre facilitador y participante), participación (intervención activa y protagónica), corresponsabilidad (compromiso compartido con el proceso de aprendizaje) y autogestión (capacidad de tomar las riendas de la propia formación). A partir de estos principios, se formulan cinco propuestas concretas: institucionalizar el enfoque biográfico y la sistematización de experiencias; formar facilitadores en Andragogía Emocional; diseñar currículos personalizados, abiertos y flexibles; crear comunidades de aprendizaje dialógicas y colaborativas; y transitar de la evaluación acreditativa a la evaluación formativa y compartida. Se concluye que la universidad necesaria para los nuevos tiempos debe asumir una andragogía vivencial, compleja y profundamente emocional, que reconozca en el adulto no a un alumno, sino a un sujeto político, histórico y emocional, protagonista de su propia liberación y transformación.